Estas líneas son dedicadas …quiero que sepan que este escrito es muy largo muy nutrido y el prefacio muy hermoso he tratado de colocar la escencia del relato, no puedo plasmar todo lo que está dentro de el; espero puedan comprenderlo, sólo una petición de un amigo que tuvo la oportunidad de leer el original y me pidió editar parte de el…”Muchas historias se me escapan, algunas casi ya no recuerdo, otras pueden ser producto de mi imaginación, cuánto pude saber de esta historia, lo que sé quedará conmigo, tal vez algún día la contaré tal cual como me la contaron…”
Algunos pueblos tienen su encanto – todos lo tienen. Sus calles alineadas, curvas, rectilíneas, hermosas plazas con sus secretos, misterios de tantos transeuntes que han dejado sus anhelos, pensamientos, tristezas, alegrías al atardecer al anochecer al otro día.
Cuántas historias pudiesen contarnos. Este es hermoso, calles angostas que llevan a una misma dirección; se confunden sus casas entre colores cálidos que dan la sensación de estar vivo, apenas un color neutral entre todas para darle el equilibrio tan necesario en toda las cosas de la vida.
Salgo a caminarlo, pero no me intereso esta vez por su paisaje, aunque reconozco que sus montañas ancladas en las aguas del mar le da su belleza, su fuerza; pero no, no es lo que ando buscando, busco algo más, quiero aprender, saber, que me cuenten y sentir el placer de escuchar.
No logro encontrar lo que busco aún, observo el movimiento de los peñeros amarrados a la orilla en un suave vaivén – Suben y bajan – hasta que la ola rompe en la playa…me olvido por un instante, respiro profundamente el olor del mar que llega hasta mí, gaviotas que surcan el cielo en vuelo de cientos de ellas en sus cantos que parecieran decirnos que ese es su territorio a los usurpadores que vemos como entran en picada, regresando a la inmensa roca inpregnada de miles que defines adonde ellas pertenecen.
Me detengo bajo la sombra de un inmenso árbol, su sombra me arropa del fuerte sol. Los chicos aman el mar, parecen pequeños delfines que saltan y entran al agua una y otra vez.
Lejos de mí alguien viene arrastrando una caja de madera con dos ruedas a los lados, me intereso por lo que trae, aunque honestamente me interesa más quien la trae…Es una persona de edad muy avanzada, se detiene justamente debajo de la sombra del inmenso árbol, ese seria su lugar de trabajo - Me dice luego.
Le pregunté qué vendía, y me explicó que vendía dulces preparados en su totalidad con la materia prima de la zona “el coco”…comenzando lo que tanto esperaba.
Mi nuevo amigo nació allí, desde pequeño el sonido del mar fue su canción de cuna, las olas del mar la cuna misma; su rostro se ilumina al hacer remembranzas, cientos de pliegues definen su cara, los años, la vejez.
Mi nuevo amigo no estudió, pero como sabe! toda su vida ha trabajado, siempre haciendo lo mismo, es lo que él mismo llamó “trabajo generacional”.
Sus palabras suenan en mi mente resaltandome el valor de la Perseverancia y la Constancia en la vida, aunque muy humilde pueda parecer esta vez me encontré a un hombre cuya vida ha oscilado en una misma constante el de tomar de la vida la mejor oportunidad que se le ha presentado; ama lo que hace, así de fácil y de complejo para muchos…
Hoy es un día lluvioso de octubre estamos en invierno todavía, he regresado a conversar con mi nuevo amigo, me prometió seguir hablándome de su vida y contarme más historias…Cuantos años vividos!
Espero, y mi espera se hace eterna…mi amigo ya no está; es un día lluvioso de octubre, las gotas de lluvia querían contármelo, más no las escuchaba, mi nuevo amigo se ha marchado; sé que algún día nos encontraremos otra vez, en la otra vida, y seré feliz entonces al verle, pues aquí y allá será lo que en aquel entonces fue…mi nuevo amigo.
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Gracias.
MJV.
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